No busquen respuestas sencillas ni en esta entrevista ni en sus relatos. La mexicana Gabriela Damián Miravete, profesora, periodista de cine y literatura e integrante del programa internacional de escritura Under the Volcano, no se lo pone fácil al lector, de primeras, pero luego se queda para siempre. Publica con Alfaguara su colección de cuentos Soñarán en el jardín.
1/ De los doce cuentos que forman Soñarán en el jardín, ¿cuál es el que más te dolió escribir?
El propio Soñarán en el jardín. Es un dolor colectivo, una herida que no cierra y que es difícil que se cure, pero lo hacemos. Lo hacemos con la lucha feminista. Poner todo lo que soy en la literatura es, ahora, mi forma de activismo. Quiero acompañar la experiencia de todos los niveles de la acción feminista (hay muchos niveles que me gusta escuchar con atención). Mi escritura está al servicio de esa acción. Lo que yo hago no es tan importante, pero la imaginación sí cumple una función importante dentro del activismo.
2/ Una de las realidades más turbias que llegan desde México es, precisamente, la lacra del nivel de feminicidios. ¿Qué explicación encuentras a todo esto?
A nivel global, es la cara oscura del reconocimiento social de los logros de las mujeres. Esa herida profunda y grande es de la humanidad, no solamente de las mujeres. En México esta violencia tiene particularidades, y las razones van mutando. Un alto porcentaje de mujeres son asesinadas porque querían dejar a su pareja; o porque son independientes; o porque quieren la custodia de sus hijos; o porque luchan por su libertad. En los noventa, además, en Ciudad Juárez, tenía que ver con un estado de impunidad y complicidad del crimen organizado y las instituciones. Las mujeres de las maquilas [subcontratas de manufactura textil] eran tratadas como esclavas sexuales. Ahora hay aún mucho reclutamiento forzado.
3/ ¿Recuerdas tu primer encuentro con el realismo mágico?
Creo que fue desde muy joven, con mis primeras lecturas en la escuela. Ahí ya estaba esa fantasía latinoamericana, otra manera de mirar y de narrar. Recuerdo Doce cuentos peregrinos, de García Márquez. Por supuesto también Elena Garro. La semana de colores tiene cuentos fabulosos. Me gusta reivindicar esa escritura urbana.
4/ Una buena autora tiene que ser también una buena lectora. ¿Qué obras tienes entre manos ahora mismo?
Nuclear, de Maielis González. Me encantan sus historias, estoy fascinada. Ideas de futuro que vienen del ámbito afrocaribeño. Las máquinas enfermas, de Alberto Chimal. El comienzo del paraíso, Edmundo Paz Soldán, un libro de cuentos hermosos.
5/ La lectura suele ser un acto individual y la escritura, también, pero tú andas involucrada en varios proyectos literarios comunitarios. ¿Qué se ofrece desde Mexicona?
Es nuestra propia versión de una convención. En 2018, cuatro amigas (Andrea Chapela, Libia Brenda, Iliana Vargas y yo misma), colegas, escritoras, quisimos impulsar en nuestro territorio una convención, preocupadas por generar una discusión comunitaria en torno a los problemas de narrar y los problemas de nuestro trabajo.
6/ ¿Y qué encontramos en otro de los proyectos en los que participas, Cúmulo de Tesla?
Un grupo muy hermoso de arte y de ciencia, para escribir una ciencia ficción más consciente y menos temerosa. La ciencia ficción siempre ha sido un campo muy masculino, por eso publicamos en 2013 Mis pies tienen raíz, un libro con biografías, reivindicando otras formas de conocimiento, otra capacidad de ver el futuro, cómo mujeres de habla hispana crean el conocimiento desde sus propios espacios.
