Tinta y sangre, de la premio Nobel surcoreana Han Kang, suma un título hasta ahora inédito a las obras de la autora que podemos leer en español. En ella podemos indagar con más profundidad en su universo oscuro pero netamente humano, de la misma forma que ella inspecciona las incógnitas del Universo con mayúscula como leve hilo conductor de la historia del rastreo verdaderamente importante, el de un personaje ya ausente pero que es el núcleo de este microcosmos. Entre lo diminuto y lo inabarcable se mueve este thriller contemplativo, tan violento como poético, en el que la narradora, Lee Cheonghee, traza una investigación sobre la vida y el desenlace de su gran amiga pintora, cuya muerte en un accidente de tráfico se ha clasificado como suicidio.
El arte, tanto la pintura de la protagonista, Seo Inju, y de su tío, que se desvelará de gran importancia, como la escultura o la música clásica, aportan sensibilidad a una historia trágica a la que se van sumando episodios truculentos -tinta y sangre es realmente un título muy descriptivo- y personajes enigmáticos. El pasado de ambas amigas, que el lector va descubriendo a la vez que la narradora en su investigación, se va desvelando entre los matices emocionales y el terror del suicidio, el maltrato o la incomprensión. Con un manejo estupendo de los saltos temporales, la dosificación de la información y la imagen poética en mitad del caos, Han Kang vuelve a retenernos en su personal manera de contar, igual que la narradora mantiene al inicio a una araña bajo un cuenco. Puede que la clave no sea intentar salir, sino tratar de averiguar quiénes somos mientras estamos allí dentro.
