Desde niña Dulcenombre se sabe elegida por Dios, confía en que Dios va a hablarle, escribe poemas místicos, juega a las reliquias y crece como la menor de ocho hermanos en un ascetismo gris bajo la falda de la beata de su madre, con un corsé para su escoliosis y en un estado mental entre el miedo cerval y el alma en amores inflamada. Dulcenombre cuida moribundos por la voluntad, vive y sueña entre iconografía católica y descubre pronto que la transformación mística está llena de dolor y estigmas, en cuerpo y en lo otro. Dulcenombre vive en un mundo agrio en el que intenta encajar, pero es un misterio: El Misterio.
Cuando se queda huérfana y su hermana trata de ayudarla, una psicoanalista le pide que relea sus diarios desde niña y se grabe recordando todos esos momentos de su vida. El resultado es la transcripción de siete cintas en las que descubrimos una voz alucinante y alucinada, un personaje incomprendido, que ruge, que vive en un sinvivir, en una vida hambrienta y sedienta. El narrador participa del rito y mantiene su sacramento, pero ni una voz ni otra pecan de mojigatería, ambas sangran de la misma herida: un lenguaje alegre, un decir deslenguado que busca su sitio entre la (auto)hagiografía y el extrañamiento poético y vitalista.
Quizá sea demasiado fácil decir que Marina Arrabal escribe como los ángeles, pero diremos que escribe al aire de su vuelo, con la libertad de una primera novela arriesgada y acertadísima, que crea un personaje inolvidable con un manejo preciso de diferentes técnicas y tiempos, con una ambición literaria ascensional que apunta altísimo. Es este un debut que pone cuerpo y alma, y señala a Marina Arrabal como la autora que nuestra literatura venía necesitando.
Dulcenombre
Marina Arrabal
Blackie Books.
14 €
240 p.
ISBN: 979-13-88154-30-0
