¿Puede un ensayo sobre la hipocondría interesar a lectores no hipocondríacos? El escritor y editor británico Will Rees consigue mostrarnos que el alambre sobre el que se mantiene de puntillas el hipocondríaco es mucho más largo de lo que creeríamos: sus extremos llegan a lugares ignotos de la medicina, pero también de la psicología, la sociología o la política. Partiendo de su experiencia personal, en la que vivió años de su juventud obsesionado con su salud a raíz de unas cefaleas persistentes, Rees plantea un recorrido por la historia de este trastorno, pero también por la literatura -tanto obras como autores- y otras manifestaciones culturales que están atravesadas de hipocondría, de Cervantes a Seinfeld, pasando por Descartes, Molière, Kafka, Blanchot o Woody Allen.
La hipocondría es una experiencia de la duda, que es además recursiva, porque tiende a ponerse en cuestión constantemente, a borrar su propio nombre. Ahí radica también su paradoja: si la nombras, la cualidad de enfermo desaparece, su diagnóstico descarta los diagnósticos de la imaginación convaleciente, de ahí que el camino pase siempre por la autoconsciencia y el humor, que salva al hipocondríaco de sí mismo. Tal es la incertidumbre de la existencia hipocondríaca que la propia hipocondría se ha puesto en duda, y desde 2013 ya no existe esta afección como tal en el más importante manual de trastornos mentales de EE.UU.
Con un amplio y sólido manejo de bibliografía de todo tipo, este ensayo personal, inteligente y sutil te lleva de la teoría de los humores y la melancolía al narcisismo de la mano de Freud, Barthes o Susan Sontag, y al acabarlo parece que has recuperado un poco la salud, aunque ya no sepas lo que es eso.
