La escritora y periodista porteña reescribe una parte de la historia del siglo XX a través de la vida de la agente secreta África de las Heras.
África de las Heras nació en el seno de una familia modesta y conservadora en la Ceuta de 1909 y murió en Moscú con el rango de coronel un año antes de la caída del muro de Berlín. Fue partisana, paracaidista en la Segunda Guerra Mundial, espía de la KGB, falsificadora, posible amante de Ramón Mercader y presunta homicida. Sin embargo, durante muchos años, para Laura Ramos (Buenos Aires, 1956) África solo era María Luisa “la modista”, una mujer afectuosa que le contaba cuentos en una habitación de Montevideo mientras los adultos hablaban de política. Casi seis década después, la escritora argentina reconstruye su vida secreta en Mi niñera de la KGB, recién editada por Lumen.
Da la sensación de que ha tenido que destruir un castillo para revisitar su pasado y poder escribir este libro.
Pues yo tengo la sensación contraria, la de haber construido un castillo. Primero tuve que cavar con pico y pala en los archivos. Después fui a Ceuta, hablé con la sobrina nieta de María Luisa, crucé el canal, fui a Tánger, a Cambridge, a México, a Cuba. Investigué, pedí documentos, los certificados de defunción. Desenmascaré muchas mentiras de María Luisa. Escuché cintas que la incriminaban. Pero ha sido tan difícil como buscar a un fantasma. Reconstruir la vida de una agente secreta soviética dedicada a no dejar huella es una tarea fantasmal.
El libro comienza afirmando que María Luisa envenenó a su marido y participó en el asesinato de Trotsky, aunque después distingue entre hechos documentados y deducciones extraídas de los testimonios.
Eso siempre forma parte de una investigación. Durante el proceso te vas topando con testimonios difíciles de verificar o incluso contradictorios, pero también descubres otras cosas con las que no contabas que confirman muchas de tus hipótesis previas.
¿Ha tenido que recurrir a la ficción para dar sentido a su relato?
Mi niñera de la KGB es un libro de no ficción. No he alterado los hechos. Lo único que hago es poner inferencias y, como tales, les doy esa categoría. Hago deducciones y conjeturas a partir de los testimonios que voy recabando. Y siempre cito la fuente, ya sea una fuente fiable o de baja estofa, porque yo les concedo el mismo crédito a las dos. También me permito incluir rumores y chismes, dejando claro que lo son.
¿Cómo explica que María Luisa fuera capaz de mantener durante tantos años esa doble o triple vida?
Porque para María Luisa, como para esos artistas que ponen el arte por encima de la mera existencia, la revolución estaba por encima de la vida y eso lo justificaba todo.
África de las Heras fue reclutada por la inteligencia soviética en Barcelona en 1937 y regresó a la URSS en 1967. A partir de entonces realizó misiones en Israel y trabajó como instructora de agentes hasta su retirada en 1985. ¿Fueron esos últimos años más verdaderos que los casi 20 que pasó en Uruguay?
África de las Heras pasó mucho más tiempo siendo María Luisa «la modista» que siendo otras personas.
Su investigación descubre secretos históricos, pero también desavenencias familiares que parecían enterradas.
Sí, porque este libro no es solo una historia sobre María Luisa «la modista» y la onda expansiva que generó allá donde estuvo. Es un libro sobre la falsificación, la mentira, las capas más profundas de la verdad, la imposibilidad de conocer realmente a nadie y la incapacidad de aprehender la realidad. Podemos conocer los hechos a través de las cartas, las partidas de nacimiento, las cintas magnetofónicas, pero la personalidad y los sentimientos verdaderos de María Luisa solo se dejan ver en las lágrimas de Luis Ramírez cuando ella se fue sin despedirse, o en las sensaciones que yo tenía cuando ella me contaba un cuento.
¿Cómo la describiría en pocas palabras?
Era una mujer convencional, burguesa, aburrida, todo lo contrario que el grupo que formaban los amigos de mis padres, que eran una fauna muy divertida. Pero, claro, esa era su coartada: parecer tierna, inofensiva, despreocupada.
¿Se siente dolida con ella? ¿Le guarda rencor?
No, de ninguna manera, porque con nosotros fue verdadera. Quizá los demás amigos se hayan sentido más defraudados. Lo que les ha pasado es una modificación del pasado digna de Proust. El relato ha cambiado y ahora tenemos que volver a escribirlo. Mi libro solo es el primero de los muchos que empezarán a publicarse.
Usted misma ha contado que lleva toda la vida huyendo del siglo pasado, el de sus padres, para refugiarse en el XIX. ¿Por qué se ha atrevido ahora con una historia que recorre prácticamente todo el siglo XX?
Normalmente, mi único propósito cuando escribo es huir de la realidad. Solo cuando empecé a ver esta historia como algo ajeno y distante, como un libro histórico, me atreví a abordarla. Ya estamos bien entrados en el XXI, y ahora el siglo XX es una cosa vintage. Así que empecé a imaginar esta historia como una película de la Nouvelle Vague. No iba mal encaminada. Una de las grandes plataformas internacionales quiere hacer una serie del libro.
