El exdirector de la Feria del Libro de Madrid (2016-2021) analiza el presente y el futuro del evento, punto de encuentro para la discusión en torno al libro y la cultura contemporánea.
En estos últimos días la revista Publishers Weekly España me ha pedido que les dé mi opinión sobre la situación de la Feria del Libro de Madrid. Desde que salí de la misma en 2021 han sido muchos los periodistas culturales que me han llamado para preguntarme por mi parecer sobre decisiones que la dirección de la Feria adoptaba. Por lealtad a la Feria y a su directora decliné abiertamente el responder. Veía difícil de entender por el sector que mostrase mi disconformidad con algunas cosas. Se podía malinterpretar.
En estos momentos, cuando no hay dirección ferial, veo razonable dar mi opinión. La redacción de PW me envía tres preguntas que paso a contestar: algunos veían venir este final y otros no, ¿qué sensaciones tenía yo tras la ultima edición?; ¿cómo valoro las diferencias de opinión entre libreros y editores respecto a la destitución de la directora?; se viene un periodo de reflexión a partir de ahora, ¿formaré parte de algún tipo de consejo a este respecto?, ¿qué medidas propondría yo en ese caso?
Cuando salí de la feria en octubre de 2021 decidí mantenerme apartado de las intrigas feriales y gremiales. Sí es cierto que pensé que en algún momento la nueva dirección de la Feria se pondría en contacto conmigo para alguna consulta o para quedar un día a tomar un café. El asunto es que en cinco años no tuve ningún contacto con la Feria. Se rompió una tradición que venía de varias décadas antes: los directores (los salientes y el nuevo) solían comer varias veces al año y comentar diferentes temas relacionados con la Feria. Personalmente me resultaba inexplicable, era el exdirector vivo que había conocido a todos los anteriores, desde Jesús García Bayón (1981-2000), Antonio Albarrán (2001-2004) y Teodoro Sacristan (2005-2016).
Es obvio que estando alejado no podía ver el final de un mandato. Pero cuando estos días saltó la noticia de la destitución de la directora recordé una conversación en 2017 con un exdirector de la Feria. Me vino a decir lo siguiente: hay una maldición de la Feria por la cual se entra con un nivel de expectativas muy alto y se sale con un lío y de manera abrupta. Es cierto que el único que rompió la tradición fue Teodoro, mi antecesor, que se retiró sin ningún tipo de lío. No sé si abandonó por cansancio, pues estuvo una década, o porque observó que las placas tectónicas de la Feria se estaban moviendo, que el viento comenzaba a soplar en otra dirección. Me inclino a pensar que abandonó por agotamiento, pues la presión a la que un director de la Feria se ve sometido es enorme y malsana. Pensemos que una persona que trabaja en una empresa tiene un jefe, y el director de la Feria tiene dos docenas, y cada uno con intereses propios.
En este lustro pasado es cierto que veía cosas que no compartía, pero esto es normal, y me surgían dudas sobre quiénes estaban influyendo sobre el devenir de la Feria, que se alejaba algunas veces respecto a su misión fundacional y abandonaba parámetros que relacionaba con el ADN del evento. El único tema que sí me comentaron es el aumento del coste fijo frente al coste variable en que la Feria estaba incurriendo. Quiero con esto resaltar que todas las personas que hemos estado al frente hemos dejado una impronta, un relato que es un continuo de construcción y revisión de un proyecto cultural de enorme importancia. Es obvio que ni todo se hace bien, ni todo se hace mal.
También he visto desarrollos interesantes bajo la dirección de Eva Orúe, en algún caso de proyectos que venían de épocas anteriores, y no he visto que se haga referencia al origen.
Creo que el gran error de la directora (lo digo desde fuera y con modestia, y puedo estar manifiestamente equivocado) es que no supo atraer a la gente que más y mejor la podían asesorar y ayudar. Destaco aquí que hay tres personas en el sector que representan la memoria histórica de la Feria: Pepa Arteaga, Nani Valverde y el secretario Pablo Bonet. Con este último con una baja prolongada, la Feria estaba desubicada y podía ir a la deriva. La figura del secretario es enormemente importante, pues llegado el caso debe sustituir al director ante cualquier infortunio de éste, y la experiencia de P. Bonet es un activo ciertamente importante.
Del antiguo equipo de la Feria estaban Rosa y Vicky, que en materia de gestión ferial son fundamentales, con una experiencia de al menos dos décadas de trabajo ferial, mayormente de tipo organizativo y administrativo, pero yo me estoy refiriendo ahora a un desarrollo de perspectiva estratégica, y en este punto el secretario es fundamental, el eslabón que interactúa con todos los gremios, y su experiencia en este tema era ciertamente elevada. Es por ello que todas las personas citadas anteriormente constituyen un think tank imprescindible para toda persona que pretenda dirigir la feria en el futuro.
La decisión de un relevo es una decisión puramente empresarial, es como cuando una editorial prescinde de un director comercial y lo sustituye por otro. No veo, por tanto, que esto sea un drama. El Gremio de Libreros te pone, y el mismo te cesa. Así se describe en los estatutos. No puedo entender las iniciativas de desagravio ni los homenajes publicitarios narcisistas. A la Feria hay que ir con el ego justo, pues la institución está por encima de todo y de todos.
Es obvio que se abre un período de casting para elegir un nuevo director/a. Creo que se impone un cierto consenso para adoptar la decisión de acuerdo con los editores de Madrid. A mi juicio no puede ser un concurso abierto donde cualquiera se pueda presentar, sino un concurso restringido, teniendo en cuenta que el perfil debe reunir cuatro condiciones:
- Ser alguien del sector, y como dicen los estatutos en su artículo 5 (Dirección de la Feria. Designación y cese): La Asociación de Empresarias y Empresarios del Comercio del Libro de Madrid designará al director de la Feria, debiendo recaer dicho nombramiento en una persona de reconocido prestigio en el ámbito de la edición, distribución o comercialización de libros. Corresponde también a la Junta Directiva su cese.
- Conocer la historia de la Feria, pero no como visitante, sino como expositor o estudioso de la misma.
- Que represente un cierto consenso su elección.
- Que tenga experiencia en ferias y festivales.
Creo que se debería optar por un concurso restringido. La experiencia de elección en 2021 llevo a que se presentase gente que conocían la feria como meros paseantes. Se deberían seleccionar tres o cuatro personas y tener una diálogo con ellas. Es dudoso que alguien se presente con un proyecto nuevo, pero al menos que se le suponga una cierta experiencia en gestión, de eventos y de personas.
Cuando se habla desde el Gremio de Libreros de Madrid en que se abre un nuevo proyecto, permítanme que tenga dudas. En el estado actual de evolución de la Feria puedes recuperar elementos que se han olvidado o desechado en este lustro, pero al final todo se reduce a mantener el entramado comercial y dar más o menos empuje al tema cultural. Ningún gremio quiere un cambio más profundo, es una cuestión cosmética. Para todos los gremios la feria es una caja registradora, no un proyecto cultural, no lo olvidemos.
Desde mi punto de vista, el verdadero proyecto de futuro de la Feria pasa por avanzar en la Feria Internacional del Libro de Madrid. Pensemos que Madrid es la única capital del ámbito hispano que no tiene una feria internacional del libro. En 2021 presenté la idea al Ayuntamiento y a la Comunidad y ambos se manifestaron abiertamente a favor. La única oposición era el Gremio de Libreros, al que cualquier cambio en la dirección de aumentar la oferta les hacía discrepar. Acercar la producción editorial de Hispanoamérica a la Feria era incrementar la oferta y esto generaba dudas. En este punto hay que resaltar que el director/a tiene una visión mucho más amplia que cualquier gremio, la preocupación es acercar conocimiento y cultura a la ciudad de Madrid y a los miles de visitantes nacionales que se acercan a la feria. Ir a hacer caja a la Feria está bien, pero la Feria representa unos valores mucho más elevados, por ejemplo:
- Reflejar fielmente la bibliodiversidad actual y el nuevo ecosistema del libro.
- Relación con el ámbito hispano del libro.
- Profundizar como espacio de promoción de la lectura, de formación de nuevos lectores, y de dimensión cultural.
- Facilitar nuevos atributos que generen tráfico, visibilidad y notoriedad, nacional e internacional, no es incompatible con mantener su carácter festivo.
Comprometer a los poderes públicos y empresas del sector privado parece una tarea importante a la hora de incrementar la visibilidad de la Feria y su masa crítica. No olvidemos que las ferias potentes, tanto comercial como culturalmente, son aquellas que tienen poderío económico.
Observemos con curiosidad como el presidente de la Cámara del Libro, Sr. Ruiz Castillo resumió de esta manera los fines de la Feria en 1933:
De todo este manifiesto fundacional destaco por su importancia los dos últimos renglones. En mis años de director fueron la divisa con la que trabajé. Dejamos siete países en lista de espera, no todos ellos de Hispanoamérica, pero sí estaba Perú, y me marché con las ganas de acercarme a México, tomando nosotros la iniciativa.
Y hay un tema que también considero importante pensando a medio plazo. Quizá hay que avanzar en llevar la Feria hacia una Fundación, en la que se integren las instituciones públicas (Ayuntamiento, Comunidad, y Ministerio), así como los Gremios de Editores. Este proyecto se ha intentado realizar en dos ocasiones, aunque sin ningún resultado práctico. Quizá es conveniente no dejar el tema en el olvido.
Una ultima cuestión que considero importante. Con el cambio climático sobre nuestras cabezas, quizá ha llegado el momento de mover las fechas de la Feria. Las temperaturas de esta pasada edición no invitaban a pasear por el Retiro ni a deambular por las casetas. Creo que esto explica la bajada de ventas y no la visita del Papa. Me acerqué un día a la Feria y no se podía respirar. El pasear por las casetas era infernal. Por ejemplo, la Feria de 2021, posterior a la pandemia, se hizo entre el 10 y el 25 de septiembre con excelentes resultados y con temperaturas muy moderadas que invitaban a la visita, a pesar del control de aforo que tuvimos que implementar por las secuelas de la pandemia.
En cualquier caso, y aunque creo que en materia de ferias y eventos menos es más, parece razonable dar una vuelta a bastantes cuestiones. Pensemos que más allá de las cifras, la FLM es un patrimonio vital y concreto de la ciudad de Madrid y su apego por la cultura del libro, hoy constituye un importante punto de encuentro para la discusión en torno al libro y la cultura contemporánea, proyectando su influencia a nivel nacional, y espero que muy pronto a nivel internacional.
En resumen, desde la lealtad más absoluta, larga vida a nuestra histórica Feria.
