Tras su abrupta destitución, la directora saliente agradeció al Gremio de Libreros, en su despedida, la oportunidad que en su momento le dieron: “Un evento como no hay otro”.
Unas 160 personas se reunieron este jueves por la tarde en la sala Ramón Gómez de la Serna, en la quinta planta del Círculo de Bellas Artes de Madrid, para arropar a Eva Orúe tras su destitución como directora de la Feria del Libro de Madrid. El acto, según se anunció, estaba organizado (de manera exprés) por amigos y admiradores del trabajo de Orúe durante los últimos cinco intensos años (2021-2026).
A Orúe le dijeron de todo durante casi una hora: que su valía profesional es enorme y su calidad humana, impresionante; que es una gestora formidable, e incluso toda una visionaria. Sin duda la despedida que toda trabajadora soñaría tener al finalizar una etapa laboral. Ella, que algo habrá hecho para merecer tanto cariño, aguantó impasible, sentada en primera fila junto a su pareja, gancho perfecto en todo el proceso secreto de organización del encuentro de despedida. De vez en cuando, abrazo y beso al que le iba dedicando alguna cosa bonita desde el micro.
Hubo representación institucional, y no faltó la diplomática, con un buen toque de show: el consejero cultural de la Embajada de Francia en Madrid, Simond de Galbert, la nombró, en vivo y en directo, Caballera de las Letras y las Artes de Francia. La grada lo celebró como un gol en el Mundial. Justo después, ampliando el festejo, y como si de un concurso televisivo se tratara, Orúe abrió un sobre inesperado con una misiva en cuyo primer párrafo la Unión de Editoriales Universitarias Españolas (UNE) la galardonaba con el Premio Nacional de Promoción de la Edición Universitaria. Otro golazo.
Cuando finalizaron los muchos parlamentos (fruto de su pormenorizado trabajo en red) y el rosario de piropos, llegó el momento más esperado: Orúe salió al atril para explicar, analizar, recordar, reclamar, desbarrar… (¿?) Nada de eso hizo. La primera mujer como directora en ochenta años de Feria prefirió la calma y el buen humor, y se centró en agradecer el trabajo y la presencia entre el público de todo su equipo, mayoritariamente femenino. Han manejado un transatlántico entre seis personas, y eso son muchas toneladas en cada espalda.
Teniendo en cuenta el poder de convocatoria de la exdirectora y lo fulminante que ha sido su destitución tras la última edición de la Feria, se puede adivinar la polarización en la que actualmente flota uno de los eventos culturales más importantes de España. Como toda la velada se basó en una positividad radioactiva (solo desentonó un comentario por vídeo de Rosa Montero en el que aseguraba que antes de Orúe la Feria “se estaba quedando antigua, casposa”), a pesar del abrupto final de su etapa al mando del evento, la directora saliente agradeció al Gremio de Libreros de Madrid la oportunidad que en su momento le dieron para desarrollar un trabajo que es precioso. “Un evento como no hay otro. Antes lo sospechaba y ahora lo sé. Viva la Feria del Libro de Madrid”. ¡Viva!
Su cuñada Begoña ya le había avisado de lo que se podría encontrar en esta sala repleta: “Sospecho que lo que vas a vivir mañana”, le dijo, “es lo más parecido a un funeral que vas a tener nunca”. Acertó de pleno. Lo siguiente es la beatificación.
