Incluso en Estados Unidos, donde residen 65,5 millones de hablantes de español, el mercado editorial en nuestra lengua es de un tamaño considerable, con gran potencial de crecimiento.
Las editoriales que están establecidas en el mundo hispanohablante tienen un gran potencial para internacionalizarse en aquellos países donde el español es lengua oficial, cooficial o mayoritaria. Este fenómeno cuyo origen se remonta a finales del siglo XIX y que se prolonga hasta nuestros días es posible gracias a que el español es una lengua internacional que tiene su epicentro en esas dos orillas del Atlántico que son España e Hispanoamérica.
El español en el mundo. Anuario del Instituto Cervantes 2025 señala que hoy en día el español es la lengua materna de 519.115.258 personas, de las cuales 410.677.381 viven en países hispanoamericanos y 47.250.026 más están en España. Estos datos con respecto a la demografía del español —que no tienen en cuenta ni a sus hablantes nativos que viven en territorios pertenecientes a otros ámbitos lingüísticos ni a los de lengua extranjera o segunda lengua— ponen en evidencia el tamaño potencial del mercado editorial del conjunto de los países de habla hispana.
Viajes transatlánticos en dos direcciones
La punta del iceberg de la internacionalización de estas editoriales es la implantación de los grandes grupos españoles —o de origen extranjero que tienen en España la casa matriz de sus operaciones en español— en numerosos países hispanoamericanos mediante la apertura de filiales.
Algunos de estos grupos editoriales incluso se han establecido en Estados Unidos, donde la existencia de casi 65,5 millones de hablantes de español ha dado origen al surgimiento de una industria y un mercado editoriales en nuestra lengua de un tamaño considerable y con un gran potencial de crecimiento.
Entre los grupos que desde España han atravesado el Atlántico para establecerse en los mercados editoriales en español de América se encuentran AlmuzaraLibros, Anaya, Edebé, Edelvives, Penguin Random House, Planeta, Santillana, SM, Tirant lo Blanch, Urano World y Vicens Vives.
Sin embargo, la internacionalización de las editoriales hispanohablantes está lejos de limitarse a los grandes grupos con sede en Barcelona y Madrid que en diferentes momentos se han lanzado a hacer las Américas aprovechando la existencia de una lengua compartida con 19 países que se encuentran al otro lado del Atlántico. De hecho, otros tipos de editoriales tanto españolas como hispanoamericanas también han emprendido su propia aventura transatlántica para ampliar su proyección y alcance abriendo al menos una filial en la otra orilla del océano.
Por un lado, algunas editoriales españolas de tamaño mediano y pequeño como Gustavo Gili, Turner, Valparaíso y Vaso Roto cuentan con filiales en algunos países hispanoamericanos; y, por otro lado, durante las últimas dos décadas numerosas editoriales independientes hispanoamericanas han desembarcado en España tras cruzar el océano en sentido contrario —como en los años 1960 lo hicieron el Fondo de Cultura Económica y Siglo XXI—: Adriana Hidalgo, Almadía, Ampersand, Ekaré, Fiordo, interZona, Lastarria, Libros del zorzal, Rey Naranjo, RIL, RM, Sexto piso y Sigilo.
Al abrir y poner en marcha sus filiales en España estas editoriales nacidas en países como Argentina, Chile, Colombia, México y Venezuela están contribuyendo a que el ecosistema del libro español y la oferta viva del mercado editorial nacional sean más ricos y diversos. A través de sus catálogos las editoriales hispanoamericanas que se han establecido en territorio español están poniendo a disposición del público lector local una oferta de títulos de autores que a menudo hasta su publicación en España le resultaban a este totalmente desconocidos o más bien poco familiares —y en cualquiera de los dos casos difícilmente accesibles por una cuestión de disponibilidad y de los altos costes asociados a la distribución y a la comercialización de los libros importados—. Esto quiere decir que son muchas las voces tanto hispanoamericanas como provenientes de otros ámbitos geográficos, culturales y lingüísticos que están llegando al mercado español gracias a estas editoriales cuyo trabajo hace posible la publicación, la distribución, la comercialización, la compra y la lectura de sus libros en España.
Oportunidades y retos para las editoriales hispanoamericanas en España
El editor Guillermo Quijas sostiene que desde la apertura de la filial española de Almadía hace seis años una parte importante de sus esfuerzos se ha centrado no solo en dar a conocer la editorial mexicana en el mercado local, sino también en introducir en él su oferta de títulos de literatura hispanoamericana aprovechando el creciente interés que actualmente existe en España por esta. Según Quijas, uno de los principales retos a los que ha tenido que enfrentarse durante este tiempo consiste en hacer llegar los títulos del catálogo de Almadía a aquellos públicos a los que la literatura hispanoamericana en principio no les interesa particularmente.
En el caso de la editorial Fiordo, su codirectora Julia Ariza comenta que el deseo de llegar al público lector español había estado presente desde su nacimiento en Buenos Aires en el año 2012, aunque no fue hasta 2024 que esta pudo abrir en España una operación que se basa en un modelo de producción en el que los ejemplares de los títulos se imprimen localmente y que cuenta con un calendario de publicación diferente del que tiene para Argentina y los demás países de Hispanoamérica. A pesar de que los títulos de Fiordo han sido muy bien recibidos en España, para Ariza la velocidad de la rotación de los libros en los puntos de venta resulta abrumadora y es difícil “experimentar las devoluciones y sentir que títulos que han llevado muchísimo trabajo y dedicación pasan sin pena ni gloria por las librerías”.
La editorial chilena Lastarria se instaló en territorio español bajo la denominación Lastarria y De Mora en 2020 —es decir, en plena pandemia—. Pedro Pablo Guerrero, quien es su editor, ha detectado en España un gran interés por la literatura hispanoamericana tanto entre el público lector en general como en los ámbitos de la crítica y de la academia. Sin embargo, para Guerrero no deja de ser llamativo el hecho de que los títulos de Lastarria y De Mora que mejor se han vendido en España hasta el momento hayan sido escritos justamente por autores españoles.
Guerrero considera que poco a poco Lastarria y De Mora ha ido abriéndose un lugar en las escenas literaria y editorial españolas al tiempo que conserva el entusiasmo por seguir trabajando con una visión de largo plazo en la construcción y el desarrollo del catálogo de la editorial a pesar de las dificultades a las que esta ha tenido que enfrentarse a lo largo de estos años en lo que tiene que ver con la generación de un volumen de ingresos que permita financiar sus operaciones en España, con el acceso al sistema de distribución, con la colocación de los libros en los puntos de venta y con la captación de la atención del público lector nacional.
Está claro que las editoriales hispanoamericanas pueden encontrar grandes oportunidades y desafíos en España y que la construcción de su posicionamiento de cara tanto a los actores del sector del libro como a los lectores de este país necesariamente pasa por su capacidad de diferenciarse de sus pares locales mediante el catálogo que desarrollen para contribuir a alimentar y a enriquecer la oferta viva del mercado editorial español.
