La premisa es tan sencilla como brutal: un día, todos los palestinos desaparecen. Sin aviso, sin explicación, sin cadáveres, sin rastro. Y lo que podría parecer el argumento de una distopía se convierte en una reflexión durísima sobre la ocupación, el borrado y la forma en que una sociedad puede acostumbrarse a convivir con la ausencia del otro.