El autor escocés regresa al mundo de Trainspotting —su aclamada novela sobre unos delincuentes drogadictos de clase trabajadora— con una secuela sobre el amor.
Durante dieciocho caóticos meses en los ochenta, Irvine Welsh fue un adicto a la heroína, una experiencia que le acabaría encaminando hacia la escritura. Por aquel entonces, el autor escocés estaba en la veintena, vivía en Londres, tocaba en bandas de punk y buscaba una identidad propia. «Pensaba, este soy yo, un punki, se nos va la puta olla, hacemos cualquier cosa, pillamos cualquier cosa», dice Welsh a través de Zoom desde su apartamento en Edimburgo.
Dejó la heroína dos años después, cuando, como suele ocurrir con esta droga, su adicción comenzó a afectar a sus relaciones con familiares y amigos. No obstante, Welsh admite que aquellos años de drogadicción no fueron del todo malos. «Me gustó la forma de vida, la subcultura alrededor del tema, y pasar el tiempo con gente interesante, rara, jodida», declara. «Formas una tribu completamente nueva cuando entras en ese tipo de sitio».
Welsh, natural de Leith, barrio portuario de Edimburgo, utilizó su adicción como inspiración para Trainspotting, su seminal debut como novelista de 1993 sobre unos heroinómanos escoceses de clase trabajadora —el cínico Renton, el chanchullero Sick Boy, el ingenuo Spud y el violento Begbie— cuyas vidas se ven lastradas por la violencia y las penurias económicas. La novela, situada en la era Thatcher y basada en los diarios de Welsh de la época, se convirtió en un éxito de culto y en un himno para la juventud marginal. Trainspotting fue adaptada al cine, la película, protagonizada por Ewan McGregor, fue nominada al Óscar (está previsto su reestreno en salas este verano para celebrar su 30 aniversario) y Welsh se convirtió en una estrella mundial.
Sus libros han vendido más de seis millones de ejemplares hasta la fecha, según sus representantes en Reino Unido (Peters Frasers + Dunlop), y ha sido traducidos a treinta idiomas. Anagrama ha publicado su última novela, Hombres enamorados, continuación directa de Trainspotting.
Welsh, el excéntrico bardo de Escocia, es conocido por sus historias disfuncionales y desmesuradas. Entre sus muchas novelas se encuentran varias ambientadas en el universo de Trainspotting, incluyendo la precuela Skagboys (2012) y Señalado por la muerte (2018), una secuela que retoma a los personajes en su madurez. «Son mis colegas», dice Welsh de la pandilla de Trainspotting, «tengo un archivo sobre ellos que actualizo constantemente».
Hombres enamorados, mediante una estructura narrativa difusa, se centra en los intentos de Renton y Sick Boy por madurar, reinventarse y encontrar el amor. «Los personajes tienen ya veintitantos años y deben decidir qué quieren hacer con sus vidas», declara Welsh, «¿casarse?, ¿tener hijos? Están jodidos. No pueden tomar ninguna decisión con seguridad y están agobiados».
Claiborne Hancock (de la editorial Pegasus) ha leído las novelas de Welsh durante décadas, antes de que apareciera la oportunidad de trabajar con él como editor de Hombres enamorados. «El universo de Trainspotting forma parte del firmamento de la cultura popular», dice Hancock, «los libros de Irvine no son únicamente oscuros, están llenos de humanidad y sátira».
Welsh, que tiene ahora 67 años, se crio en un hogar de clase trabajadora como hijo único de una camarera y un estibador. «Mi madre solía decirme que fui una sorpresa feliz», declara. Al acabar el instituto, estudió una formación profesional en electricidad, hizo prácticas reparando televisores, se mudó a Londres donde vivió varios años a finales de los 70, después regresó a Edimburgo para estudiar informática de sistemas en la Universidad Heriot-Watt, donde se graduó en 1990.
Escribió Trainspotting mientras trabajaba como funcionario, dispuesto a escapar de la rueda y marcar la diferencia.
«Cuando publiqué Trainspotting, se incentivaba que los escritores fueran polémicos», dice Welsh, quien divide su tiempo entre Edimburgo, Londres y Miami. «También se incentivaba el consumo de alcohol y drogas. Aquello me venía al pelo. Pero si nos comportásemos ahora como lo hacíamos en los 90, no seríamos cancelados, nos arrestarían».
Hombres enamorados está impulsada por la misma sensibilidad descarnada que convirtió Trainspotting en un éxito. Aderezada con su particular jerga, la novela recoge el hilo donde lo dejó Trainspotting, huyendo hacia Ámsterdam después de robarle a sus amigos el dinero que obtuvieron por un trapicheo. Allí conoce a Monique, que está metida en el rollo del poliamor y los clubes de alterne. Él la persigue mientras trata de hacerse un hueco en el negocio de los clubes nocturnos para entregarse a su pasión por la música techno.
Mientras tanto, Sick Boy, cuya historia es la principal en Hombres enamorados, intenta ascender en el escalafón social y económico londinense. Se compromete con Amanda, una mujer de familia adinerada a quien conoce en una reunión de Narcóticos Anónimos, y que desconoce su trabajo a tiempo parcial en la industria del porno. Cuando Amanda se queda embarazada, Sick Boy utiliza la situación como palanca para manipular al padre, representante de todo lo que Sick Boy odia de las clases altas británicas. El libro culmina con la boda de Sick Boy, una fiesta por todo lo alto, a la que acuden Spud y Begbie, pero que se descontrola y amenaza con sacar a la luz sus mentiras. Ambos, Renton y Sick Boy, cuyos caminos nunca se cruzan en Hombres enamorados, se enfrentan a la dura realidad del amor y la libertad, especialmente Renton, obligado a decidir entre el trabajo y su relación.
La novela se lee como un poema de Charles Bukowski, o como una comedia de P.G. Wodehouse, si los personajes de Wodehouse fueran unos degenerados sin ningún tipo de modales.
Rebecca Wearmouth, directora de derechos de autor en Peters Fraser + Dunlop, define a Welsh como «escocés hasta el tuétano» y un hombre del pueblo. «Irvine es una especie de héroe en Edimburgo», reconoce, «es una voz de una época concreta, pero a la vez completamente contemporánea».
Welsh manifiesta que Trainspotting es tan relevante ahora como entonces, si no más: «Todo el mundo está en la misma posición que aquellos chicos de las clases trabajadores industriales en aquella época», explica, «no le vemos futuro al trabajo asalariado. La IA es el siguiente paso. El mundo ya no nos pertenece. Internet se suponía que iba a ser una fuerza liberadora, pero se ha convertido en algo que nos controla».
Para Welsh, la expresión creativa es un contrapeso a las amenazas existenciales a las que nos enfrentamos. Escribe cada día («es compulsivo»), a menudo en un escritorio elevado, y disfruta usando el transporte público, fuente ocasional de ideas para sus historias («se escuchan multitud de voces de ese modo»). Y nunca conduce. «No me fío de mí mismo al volante», declara. «Aprendí a conducir en América, y mi profesor, colombiano, me decía que era el conductor más insensato que había tenido. No prestaba ninguna atención a la carretera».
Welsh está casado con la actriz y productora Emma Currie, su tercera mujer, desde 2022, y es un hincha acérrimo del club de fútbol escocés Hibernian F.C., así como un apasionado del boxeo. Ravero de los noventa de corazón, pincha en clubes y festivales de todo el mundo. En 2025 sacó un disco inspirado por Hombres enamorados y coescribió la banda sonora de Trainspotting: The Musical, que se estrenará en el West End londinense en julio. También se encuentra escribiendo una secuela de Hombres enamorados, sobre las dificultades y peligros de las relaciones.
Welsh sigue coqueteando con las drogas, pero ahora con moderación. «Últimamente he disfrutado tomando microdosis de setas alucinógenas y LSD», expone. Ahora más que nunca, busca la felicidad en su interior: «La fiesta debe estar en tu interior. Tienes que dejar que esa fiesta se manifieste donde quiera que estés».
Elaine Szewczyk (PW)
