La Asociación de Librerías de Madrid prescinde de Eva Orúe tras cinco años como directora, y el Gremio de Editores recuerda que, más allá de las cifras de venta, hay que preservar el evento.
Algunos se lo veían venir y otros no; algunos tenían varias quejas y otros menos, o casi ninguna, pero lo cierto es que la noticia del cese de Eva Orúe como directora de la Feria del Libro de Madrid, tras un lustro de trabajo, ha agitado el sector del libro en España esta semana.
Hace muy pocas fechas se hablaba del frenazo de la Feria en su lucha contra los elementos, con un 2,7 % menos de recaudación en la edición de esta año respecto a 2025 y casi 8.000 ejemplares menos vendidos en comparación con el año pasado, en días de la visita del Papa León XIV, ola de calor y la tormenta final que adelantó el cierre del último domingo. Eva Orúe trataba de contextualizar los decepcionantes datos en base a las circunstancias extraordinarias que rodearon el evento; sin embargo, no ha conseguido convencer a la mayoría, sobre todo dentro de la Asociación de Librerías de Madrid, en cuyas manos estaba su cargo.
Al margen de las posibles desavenencias y la frialdad de los datos recaudatorios y de ventas, los libreros reconocen que en estas cinco ediciones de la Feria del Libro de Madrid que Orúe ha dirigido “se han experimentado importantes avances en ámbitos tan relevantes como la sostenibilidad y la programación cultural”. Las cuentas, en cambio, han tenido mucho peso en la decisión que la ha apartado de su mando.
El Gremio de Editores de Madrid –asociación que agrupa a más de 320 editoriales, grandes, medianas y pequeñas– ha querido también dejar constancia del reconocimiento y aprecio de la entidad por el trabajo de la ya exdirectora. Consideran que ha resuelto “con solvencia y eficacia” todas las dificultades a las que se ha enfrentado el evento durante estos años.
“Para decenas de pequeños y medianos editores, cuyos libros no suelen tener la visibilidad suficiente en librerías, la Feria del Libro de Madrid supone una oportunidad única al año de dar a conocer de primera mano a los lectores no solo sus novedades sino el fondo, riqueza y variedad de sus catálogos”, señalaba el Gremio de Editores de Madrid en un comunicado. “A la hora de hacer balance, elevemos la mirada y recordemos que, más allá de las cifras de venta, la FLM es todo un acontecimiento cultural que debemos preservar y ayudar a crecer”.
Son dos puntos de vista y dos estilos diferentes el de libreros y editores a la hora de comunicar y responder a esta decisión, y falta ver si se podrá alcanzar un consenso tras este giro al volante de la Feria del Libro de Madrid, por el bien del propio evento y por el bien del sector.
